Para el día a día
PC ágil para estudiar, trabajar y navegar
Un equipo equilibrado para ofimática, muchas pestañas, videollamadas y uso doméstico sin pagar por potencia que no vas a aprovechar.
Para jugar sin parar
Gaming equilibrado para 1080p
Pensado para jugar con fluidez a 1080p, priorizando la gráfica y manteniendo una plataforma sensata para futuras mejoras.
El punto dulce
Gaming potente para 1440p
Más margen gráfico para 1440p y altas tasas de refresco sin saltar directamente a una configuración extrema.
Máximo nivel gráfico
Gaming de alto rendimiento para 4K
Una base ambiciosa para jugar en 4K, calidad alta y cargas gráficas exigentes, con fuente y refrigeración acordes al conjunto.
Para crear contenido
Edición, diseño y creación de contenido
Una configuración centrada en multitarea, edición de foto y vídeo, memoria suficiente y almacenamiento rápido para proyectos pesados.
Para trabajos exigentes
Render, 3D y cargas profesionales
Una base orientada a renderizado, 3D y tareas profesionales intensivas, con más CPU, memoria y margen térmico.
Precios aproximados según los precios recomendados de los fabricantes. Puede variar según la tienda, el stock y el momento de compra.
Antes de elegir
¿Qué configuración de PC necesitas realmente?
Elegir un PC no consiste en buscar la configuración más potente que puedas pagar. Lo importante es encontrar un equipo equilibrado para el uso que vas a darle, sin gastar de más pero tampoco quedarte corto demasiado pronto. Un PC para navegar, estudiar y trabajar tiene prioridades muy distintas a uno pensado para jugar a 1440p o 4K, editar vídeo, crear contenido o trabajar con renderizado y 3D.
Antes de decidirte por una configuración, piensa en qué haces ahora, qué esperas hacer durante los próximos años y cuánto sentido tiene pagar hoy por rendimiento que quizá nunca llegues a utilizar.
Empieza por el uso real que vas a darle
Para ofimática, navegación, estudios o trabajo general importa más tener un equipo rápido y equilibrado que una tarjeta gráfica de gama alta. En gaming, la resolución y los juegos que utilizas cambian mucho las necesidades. Y si trabajas con edición de vídeo, diseño, 3D o renderizado, CPU, GPU, memoria y almacenamiento pasan a formar parte de tus herramientas de trabajo.
Más potencia no siempre significa una compra mejor
Comprar varios niveles por encima de lo que necesitas puede darte cifras más altas, pero no necesariamente una experiencia mejor. Si juegas a 1080p, por ejemplo, una configuración preparada para 4K puede suponer mucho más dinero para un rendimiento que apenas aprovecharás. Ese presupuesto puede tener más sentido en un mejor monitor, más almacenamiento, mejores periféricos o simplemente quedarse en tu bolsillo.
También puedes comprar pensando en mañana
Tener potencia de sobra sí puede ser una buena decisión cuando existe un motivo concreto. Quizá hoy juegas a 1080p pero tienes previsto pasar a 1440p, empezar a editar vídeo, utilizar aplicaciones más exigentes o mantener el mismo PC durante muchos años. En esos casos, elegir una configuración algo superior puede retrasar futuras actualizaciones y hacer que el equipo envejezca mejor.
Piensa también en cuánto tiempo quieres conservarlo
No es lo mismo comprar un PC que piensas renovar dentro de tres años que uno que quieres utilizar durante seis o siete. Si buscas una vida útil larga puede tener sentido dejar margen en procesador, gráfica o memoria. Si acostumbras a actualizar componentes con frecuencia, en cambio, suele ser más rentable comprar lo que necesitas hoy y mejorar el equipo cuando realmente haga falta.
No todo el presupuesto debe ir a CPU y GPU
Un buen PC también depende de lo que rodea a sus componentes principales. Suficiente RAM, un SSD con la capacidad adecuada, una fuente de alimentación de calidad, buena refrigeración y una caja con espacio y ventilación pueden aportar más a la experiencia diaria que subir un escalón de procesador o gráfica. Una configuración equilibrada suele ser mejor compra que otra más potente sobre el papel pero descompensada.
Tu presupuesto sigue siendo parte de la decisión
Define cuánto quieres gastar antes de empezar a subir de gama. Si una configuración más económica ya cumple tus objetivos, no necesitas justificar una compra superior. Y si dispones de más presupuesto, decide si prefieres invertirlo en rendimiento adicional, mayor capacidad, componentes de mejor calidad o guardar ese margen para futuras mejoras.
Quédate con la base y cambia el resto.
Una CPU distinta, más almacenamiento, otra caja o un presupuesto diferente: abre la propuesta más cercana a lo que buscas y continúa desde el configurador.